jueves, 1 de noviembre de 2012

Parte II: Presentación de Red ViajAR en el Travelcamp 2012


      Jorge Gobbi, uno de los impulsores de la RedViajAR, iba de acá para allá coordinando los últimos detalles del encuentro oficial que vincula a los bloggers de viajes en Argentina con el objetivo de construir una mayor visibilidad a través de otros emprendimientos conjuntos. Eran las 16.30 y el público esperaba ansioso: estudiantes de Turismo, de Comunicación, bloggers, lectores de blogs, o simplemente viajeros entusiastas. Eran un poco más de 60 personas. Entre el público estaba Juan Pablo Villarino, sentado en primera fila junto a su compañera de ruta y de vida. Vestía jeans, zapatillas de trekking y un pullover rayado en tonos azules con capucha. Su pelo, ahora corto y distinto al de la imagen de su heading en el blog, dejaba ver el cuello descubierto y un collar de hilo encerado y cuentas de madera que sobresalía. El “Acróbata del Camino” había sido invitado para formar parte de la charla “Viajes inspiradores” del encuentro y contar su experiencia de dar la vuelta al mundo a dedo. También estaba, pero como espectador, el autor de “Viaje en Renoleta”. Sentado atrás, a la derecha, Ezequiel vestía una remera manga corta roja y se lo veía sonriente de estar en este evento intercambiando experiencias de viajes entre blogs especializados.
Bajo el hashtag #Redviajar se incitaba a los asistentes a transmitir en vivo el encuentro vía Twitter.


Aniko Villalba, de pelo rubio y remera de los Beatles, habló de cómo surgió la idea, de los requisitos y de los objetivos que tiene la Red Viajar, entre ellos el de crear un espacio para conversar y compartir ideas, recorridos y nuevas formas de publicar y contar los viajes en la web.
Los bloggers de viajes argentinos tienen muchos temas en común que les interesan: planificación de viajes, profesionalización, monetización, blogtrips, actualización de saberes técnicos, participación en medios sociales, entre otros. “La Red es un buen espacio para discutir esos temas, y además pensar iniciativas para vincularnos más con lectores”, aseguró Gobbi, conocido en Twitter como @morrisey.
Los organizadores explicaron que algo que muchos pueden considerar un hobby, hoy en día se está convirtiendo, de a poco, en una profesión reconocida y aceptada como tal. Aniko aclaró que no hay que confundir los términos: “la profesión no es simplemente “blogger”, porque un blog lo puede abrir cualquiera, sino que se trata de personas que generan contenido —en este caso, de viaje— (texto, imágenes, videos, audio, etc) y utilizan el blog como soporte ideal para difundirlo y darlo a conocer”.
Entre los objetivos que se plantean se destacan los de continuar con esa profesionalización de generar contenido para la web, y promocionar destinos turísticos en conjunto pero siempre respetando la mirada y el estilo personal de cada uno. Creen que la “unión hace la fuerza”, por eso la idea de agruparse. 
Por su parte, el periodista y blogger Nicolás Pasiecznik afirmó que la principal virtud del blog es la libertad: “En mi blog no tengo que seguir un manual de estilo, escribo de lo que quiero y cómo lo quiero abordar”. Además señaló como otras dos ventajas la laxitud de poder escribir y modificar el contenido cuantas veces quiera y la posibilidad de medirlo todo. Puede calcular la cantidad de lectores que lo siguen, qué artículos leyeron, desde dónde lo hicieron y así por ejemplo ver la tendencia para crear nuevos posts que el público quiera leer. “La mayoría de los bloggers escribe desde su experiencia personal, y es eso lo que el lector busca, el espejo, la identificación con otro viajero antes que ir a buscar la información en el diario o las guías turísticas”, afirmó el blogger.
Entre las primeras acciones que hizo la Red ViajAR desde que se formó fue abrir un registro para empezar a relevar el universo de los blogs de viaje. Como requisito se considera que para formar parte de la Red es necesario que la temática principal del blog se relacione con viajes y turismo, que el autor sea argentino o residente en Argentina, y que el blog tenga como mínimo 12 meses en funcionamiento, con al menos 30 entradas publicadas en el último año. Con este último requisito se busca vincular bloggers activos y comprometidos con su trabajo.
En este relevamiento actual, se registraron 40 blogs de viajes y de 33 se sacaron estadísticas con el fin de conocer cuánta gente sigue a los blogs de viajes argentinos. Se encontraron con la grata sorpresa que los blogs de viajes de Red ViajAR suman un total de 395.000 visitas mensuales. Además tienen 23.000 suscriptores al RSS, 62.000 seguidores en Twitter y 50.000 suscriptores en Facebook. Estos números reflejan que la red se destaca por su volumen de visitas a los blogs.
En cuanto a los escenarios futuros de los blogs de viajes y turismo se consideró impulsar el desarrollo de los blogtrips que permiten llegar a un número importante de lectores y seguidores de los bloggers, y crear nuevas formas de narrar y contar las características de los destinos. Desde la cobertura en tiempo real en las redes de información como Twitter, de fotos como Instagram, y sociales, como Facebook, hasta las formas de contar historias más elaboradas en blogs y sitios de video. Los organizadores señalaron que los blogtrips, a diferencia de los viajes de prensa tradicionales, ofrecen métricas y datos en tiempo real que les permiten saber a cuántos potenciales viajeros están llegando, qué tipo de contenido resulta más atractivo y qué características del destino atraen más.

En el encuentro también se habló de otro de los objetivos que es el de debatir estrategias de monetización. La charla estuvo a cargo de Sir Chandler (Santiago Torre Walsh),  creador del sitio más popular de cine en Argentina. Se debatieron estrategias desde apuntar a la publicidad, ya sea vía agencias o Google Adsense, hasta posicionarse en el mercado de viajes para luego tener ocupaciones profesionales ligadas al periodismo, la consultoría o el marketing.

La mesa siguiente correspondió a la narración y las nuevas formas de contar historias con Nicolás Pasiecznik y Alejandro Martinez Notte. Se informó sobre cómo contar un relato de viajes a través de los recursos audiovisuales y se hizo hincapié en la necesidad de mostrar destinos a través del video marcándose como una nueva tendencia.  
Finalmente le llegó el turno a esas historias inspiradoras de viajeros: Walter de Boever, más conocido en la blogosfera como “Che Toba”, los “Acróbatas del Camino” y Alejandro MartinezNotte fueron los protagonistas de esta charla. Contaron cómo empezaron sus proyectos y narraron sus historias del camino para fomentar la inspiración a todos los espectadores de la sala quienes con sus tweets, a tiempo real, transmitían esas ganas renovadas de planificar su próximo viaje…
 

martes, 23 de octubre de 2012

Parte I: ¿Cómo surgió RedViajAR, la comunidad de bloggers de viaje de Argentina?


“¿Hay alguien ahí?”, se preguntaba Aniko Villalba detrás del monitor allá por el 2010 mientras escribía sus crónicas de viaje sobre Asia en su blog “Viajando por ahí”. Googleó la palabra mágica: blogs de viajes y apareció un tal Jorge Gobbi que escribía un “Blogde Viajes” desde el 2003. Un pionero, sin dudas. Siguió buscando y de a poco fueron apareciendo otros más que comprendían el trabajo que significaba mantener un blog. Una pareja viajaba por el mundo haciendo “Magia en elCamino”. El solitario “Acróbata del Camino”, recorría Medio Oriente retratando la hospitalidad de los pueblos hasta que encontró a su princesa vagabunda en el camino, la “Nena”, y ahora viajan juntos por el mundo a dedo.
Los bloggueros argentinos ya no se sentían tan solos. Se contactaron y se volvieron cibberamigos. Desde su lugar en el mundo, dejaban comentarios a los otros bloggueros, conversaban virtualmente, compartían los post por Facebook o Twitter y se citaban cotidianamente pero sin haberse visto en persona jamás. Así fue como se dieron cuenta que la pasión que tenían por los viajes y los blogs hacía que tuvieran muchas cosas en común.
En el 2011 el primer Travel Bloggers Meeting de Argentina, realizado en el marco del Travel Camp, los reunió. Para muchos era la primera vez que se veían las caras. En  este primer Encuentro de Bloggers de Viaje se analizaron los mercados online de la industria turística, se habló acerca de la transformación de las etapas del viaje, de las redes sociales y las nuevas guías de viaje y se contó cómo fue la experiencia de organizar y realizar el primer BlogTrip[1] de Argentina en la ciudad de La Plata. Fue un éxito. Todos se fueron motivados y reforzaron la idea de que los bloggers de viajes argentinos tenían que complementarse, cada cual con su estilo, y ofrecer información de calidad basada en la propia experiencia.
Pasaron los meses y muchas bitácoras de viajes argentinas se fueron sumando. De hecho, en el mercado turístico las estadísticas señalan que son pioneras en América Latina. Luego de varias reuniones, de charlas, de proyectos y de blogtrips decidieron concretarlo: los viajeros 2.0 se agruparían en una red. Se dieron cuenta que era momento de crear una organización que los agrupara, los contuviera y les permitiera ponerse objetivos y proyectos en común. Ellos son bloggers. Son de (o viven en) Argentina. Escriben sobre viajes y ahora tienen nombre: son la RedViajAR.





[1] Un Blog Trip es un viaje organizado por un empresa/hotel/ente turístico/sitio web que invita a un grupo de bloggers para mostrarles y promocionar un destino.

lunes, 22 de octubre de 2012

Para los viajeros que quieran recorrer Argentina




Cross Argentina es un portal web con información turística de Argentina. Aquí encontrarán información de todas las provincias: dónde ir, cómo llegar, qué hacer, dónde comer, dónde dormir, dónde divertirse, etc. Además podrán conocer los consejos de los lugareños, mirar fotos y enterarse de los eventos culturales y deportivos más importantes del país.





Information for your trip to Argentina: what to do, where to go, how to get there, where to stay, where to party and the everyday events. Take a look! http://www.crossargentina.com/en/

miércoles, 10 de octubre de 2012

Cortito y al pie

*El relato "Principio de Incertidumbre" de Mi bitácora de viajes / Blog de viajes cruzó el charco y salió publicado en el blog de una periodista uruguaya que bloguea desde las tierras de Frodo, All Blacks y kiwis: Hills to Heels. El que quiera puede darse una vuelta por este blog charrúa! 


*Este relato participó del concurso de fotos con anécdotas organizado por Viajando por ahí (uno de mis blogs preferidos, se lo recomiendo!), Tije y Assist Med por un pasaje a Madrid. Aunque el resultado final no me fue favorable agradezco de nuevo por acá a la gente que hizo que llegara a la final con más de 1200 votos, se pasaron amigos!!!! :-) 


*Esta historia me ocurrió un día en Auckland y el relato luego surgió de la idea de crear una nueva sección en este blog que contaría aquellas pequeñas historias que tienen que ver con gente que he conocido en los viajes o simplemente aquellas personas que por simples detalles como una conversación, un gesto, una mirada, una actitud o una manera de caminar, me han llamado la atención y me han dejado pensando. 


*Ha pasado mucho tiempo desde que escribí esta anécdota y desde que no me tomo el tiempo necesario para actualizar ésta bitácora, tanto... que hasta me siento culpable. Pero lo importante es que las ganas de viajar y contar las historias del camino siempre están. Y más cuando cada día de mi vida me levanto y pienso en los viajes. Visito blogs de viajes, miro videos de países lejanos, planeo futuros destinos y me sorprendo gratamente cada vez que a mi puerta llegan  postales de amigos, sí, sí, postales y cartas como en los viejos tiempos! :) Pienso en viajes desde bien temprano cuando me siento a escribir notas de turismo para mi trabajo hasta la noche que me acuesto pensando en títulos viajeros para mi tesis sobre blogs de viajes, que atención falta poco para entregarla! Este fin de semana largo compartí un viaje a Quequén con amigas y aunque fueron tres días hermosos y para desenchufar la cabeza me quedó una sensación de gusto a poco. Tiempo al tiempo, dicen. Y me repito: aguantá un poquito más que ya volverán las bitácoras de viajes porque las ganas de viajar y contar las historias del camino siempre están. Siempre están...



jueves, 2 de febrero de 2012

Reseña de libro: “La Vuelta de los 25”



"Llevo unos días completamente desubicado. Me miro el pasaporte y lo veo lleno de sellos de países extraños. En la cabeza se me cruza una cerveza en medio del desierto, un abrazo africano y un chiste en un tren hacia no sé dónde. Me recuerdo a mí mismo llorando y riendo en lugares que no sabía ni que existían. Tengo la cabeza hecha un Google Maps".

Buscando información para mi tesis sobre blogs de viajes encontré muchas bitácoras interesantes pero hay uno que sobre todo llamó mi atención: "La vuelta de los 25".
Ya al leer la presentación de Marc Serena me impactó su idea: "Al cumplir los 25 años decidí dar la vuelta al mundo con un objetivo: convivir durante un año con 25 jóvenes de mi edad de 25 países".
¿Será acaso que estoy por cumplir los 25 y por eso me intrigó? No lo sé, quizás fue simplemente porque la idea me pareció muy creativa y porque me sentí identificada con Marc por compartir la profesión y el placer de viajar.
Empecé a seguir su blog y cuando descubrí que había escrito un libro me emocioné aún más. Soy una gran seguidora de las bitácoras virtuales pero confieso que no hay nada como tener las historias plasmadas en papel. Pero qué decepción me llevé cuando supe que el libro no se vendía en Argentina. Me contacté con el autor español sin pensar que iba a tener una respuesta, mucho menos tan pronto. Pero tuve una grata sorpresa al recibir un correo de este escritor viajero que se comprometía a averiguarme y avisarme si había alguna manera de que llegara el libro a mi país.
Finalmente me enteré que un amigo de mi mamá viajaba a España por aquella época y se lo encargué. Martín me lo mandó por encomienda con la siguiente nota: “El libro es un regalo, además me tomé el atrevimiento de leerlo”. Mmm ¡¡Olor a libro nuevo!! Traído desde la mismísima España...


 “La Vuelta de los 25” cuenta el viaje de Marc por 25 países desde Johannesburgo a Moscú pero fundamentalmente relata 25 historias…de 25 jóvenes.
Para los más curiosos les adelanto algunos de los protagonistas: un DJ en Sudáfrica, una ama de casa en Swazilandia, un monje budista en Japón, un ecologista en China, una boxeadora en Tailandia, una artista maorí en Nueva Zelanda, una prisionera en Chile, un inventor en Argentina, un chamán en Perú y un profesional eater en Estados Unidos.
Durante el viaje de un año que lo lleva a dar la vuelta al mundo y a convivir con chicos de su misma edad, el autor se pregunta cómo viven, cuáles son sus preocupaciones, sus objetivos o ambiciones a futuro.  
En esta crónica amena cada capítulo es una historia única que sorprende ya sea por el descubrimiento de un paisaje, una frase inesperada, un dialogo emocionante, un fracaso o un sueño cumplido. Y así es como a través de la narración de estas historias de jóvenes con perfiles muy disímiles pero que a la vez comparten anhelos y dudas, los lectores pasamos por distintos estados de ánimo. Marc elige ceder el protagonismo a sus entrevistados y los hace hablar de una manera ágil e intensa por lo que las páginas avanzan rápido.
Actualmente, “La vuelta de los 25” está teniendo un gran éxito. Tanto la edición en catalán como en castellano han llegado a la segunda edición y hace unos meses se ha puesto a la venta también en Sudamérica a través de Chile. La nueva y buena noticia es que próximamente se traducirá en China, Taiwán y Corea del Sur. Parece que el libro salió tan viajero como su autor.  ¿Cuándo aterrizará por estas tierras? ;)

[El blog del viaje, www.lavueltadelos25.com, fue considerado en el 2009 como el mejor del mundo en lengua no inglesa en los Lonely Planet Travel Bloggers Awards después de que fuera votado por miles de internautas]

domingo, 16 de octubre de 2011


Todos los días de verano la misma rutina. Él salía de su casa, sacaba la basura a la vereda y me miraba fijo. Yo caminaba por la cuadra de enfrente y con una leve inclinación de mi cabeza lo saludaba tímidamente sin obtener respuesta. Su boina gris y sus manos curtidas me recordaban con nostalgia a mi abuelo paterno. Nunca supe su nombre. Muchos menos oí su voz.

miércoles, 26 de enero de 2011

¿Si el blog estaba cerrado por vacaciones? Mmm…podría mentirles y decirles que sí, pero no.

¿Si voy a escribir sobre mi reciente viaje? (Viaje al norte argentino con tres amigos) Mmm…sería lo más lógico pero tampoco.

Les recuerdo (o les informo a los nuevos lectores) lo que una vez dije en la presentación del blog : “En este espacio intentaré plasmar en palabras y con fotografías, mis experiencias viajeras. Desarmar frente a ustedes mi mochila. Aclararé a mis lectores que ésta bitácora no será cronológica sino que contaré viajes recientes, buscaré en los rincones de mi cabeza aquellos memorables viajes pasados y por qué no planearé los próximos”.

Los invito entonces a volver a viajar a Nueva Zelanda, allí donde me quedé; en aquella foto que decía: “Tercera semana en NZ en construcción”. http://mibitacoradeviajes.blogspot.com/2010_06_01_archive.html

Sí, lo sé... me colgué. Y mucho.

TERCERA SEMANA EN NZ
Hace un año atrás, allá por enero del 2010, con Jose decidimos recorrer el norte de Nueva Zelanda en uno de nuestros fines de semana libres. Rodrigo, nuestro amigo de Quilmes, se sumó al viajecito lo que nos vino de maravillas ya que además de su agradable compañía se convirtió en el conductor asignado (Manejar del lado izquierdo y por rutas desconocidas, al principio, no es tarea fácil).

La noche anterior dormimos en el departamento de Ro que quedaba en la ciudad y a dos cuadras del Rent Car para salir bien tempranito. Cenamos los fideos de siempre, los “Zafarelli,” que creo que el nombre lo dice todo. Y acompañados de unas frías cervezas Tui (las más económicas) y de música bizarra planeamos el itinerario del otro día.


-"Seguí por la 25 que ahora que se transforma en la 48, doblá la rotonda y de ahí cuatro kilómetros hasta Tutukaka. Pero la puta madre qué nombres más complicados: Kaiwara, Kawakawa, Ngunguru. No, Rooo, estás en el otro carril!!"

Como este diálogo hubo muchos, sumado al detalle que cada dos segundos había que mirar el mapa de nuevo porque se nos olvidaban los nombres muy rápido. Aunque la policía nos paró dos veces por algunas infracciones, nada pasó a mayores. Acá (o sea, allá en NZ)“Don billetín” no existe pero parece que el chamuyo argentino funciona.

De los paisajes recorridos en el camino no voy a comentar mucho; dicen que una imagen vale más que mil palabras. (Sí, frase muy pero muy trillada, ¿y qué?) Rescato los que más nos gustaron:

Langs Beach

Matapouri Beach Rainbow Falls

Wangharei Falls

Después de pasar por Whangarei que es la ciudad más importante del norte de Nueva Zelanda, llegamos a un pequeño pueblo rural llamado Kerikeri que se dedica enteramente a la recolección de cítricos y kiwis. Ahí nos reencontramos con los argentinos del avión que habían conseguido trabajo y nos hospedamos con ellos en KeriCentral, un hostel cuyos dueños eran una pareja de neocelandeses de alrededor de 20 años. Collin, así se llamaba el chico, usaba casi siempre una visera de costado. Alto y con varias adicciones conservaba intacto el alma de un niño (travieso). Me acuerdo cómo se reía cuando engañaba a la gente con una pistola de juguete que daba electricidad.

Luego de la cena de noodles (figurita repetida) y tras una cerveza que me habían prometido fuimos a un bar donde hacían una fiesta latina. Mucho “Asereje” y Macarena” (y todas esas canciones de carnaval de las fiestas de 15 que si te la pasan en La Plata es porque en breve muere la noche). Pero a la distancia todo es diferente. Entre tanta música en inglés daba placer bailar ese ritmo con los compatriotas, que se yo…esas cosas que no se explican mucho, un no se qué (diría Panigassi) que te acerca a tu país.

¿Quién dijo que los hombres no pueden volar?

De chica miraba las palomas de las plazas y me intrigaba por qué los humanos no podíamos tener alas. Quién no se preguntó cuando era niño cómo sería volar; cómo sería esa sensación en las alturas. Las dudas se me disiparon ese verano...

Fue inesperado, en esos días de viaje en que pareciera que a la mañana está todo fríamente calculado y a la noche nada salió como lo planeado. Me estaba por subir a un crucero por Bay of Islands, en la Isla Norte. Este lugar comprende un parque marítimo de 144 islas. Allí están las mejores playas del país; muchos Kiwis eligen este destino para sus vacaciones de verano.

Con clima subtropical y abundante vida marina, la arena de Bay of Islands es blanca; el agua, cristalina. Hay mucho viento, mucho. El crucero hasta “Hole in the Rock” y la experiencia de nadar entre los delfines en su habitat son las dos excursiones más populares del lugar. Por una cuestión económica había optado la primera opción: conocer el agujero natural entre las rocas.

El crucero ancló en el puerto de Pahia, la principal ciudad turística de la bahía. De allí parten los barcos de las excursiones, los ferrys y los charters de pesca. Mientras esperaba a subir, observaba la amplia variedad de cafés y alojamientos -desde backpackers hasta lujosos resorts- que ofrecía la avenida más importante.

—¡No subas! ¡Conseguí descuentos para hacer Skydiving… en media hora salimos para el aeropuerto! —me gritó excitada desde lejos mi compañera de ruta.

—¿Skydiving? ¿Cómo qué en media hora? Eso es... ¡ya!— contesté sorprendida mientras que por inercia miraba el reloj. Para tirarme en caída libre desde un avión a 15.000 pies de altura y a 200 kilómetros por hora, necesitaba mínimo una preparación psicológica.
—¿Por qué hoy? Si dijimos que lo íbamos hacer en la Isla Sur, al final del viaje…dentro de dos meses — pregunté confundida.

Se habían juntado varios factores: Josefina, mi amiga extremadamente ansiosa; las virtudes del paisaje y los descuentos económicos. Como Nueva Zelanda es la capital mundial de la aventura hay mucha competencia turística; decenas de guías cargados de mapas y fotografías salen a la calle y frenan a los viajeros para ofrecerles sus actividades extremas. Josefina, de ojos verdes achinados, había sido elegida y por dos saltos se abarataban mucho los costos (un salto con video y fotografía sale alrededor de 300 dólares). Ella, más valiente, no lo dudó y nos anotó. Había que aprovechar la oportunidad que se nos presentaba y acepté; aunque, confieso, un tanto temerosa.

Había llegado la hora del vuelo del bautismo.

Al llegar al Aeropuerto de Kerikeri, una mujer rubia de mediana edad nos obligó a firmar un certificado en el que nos hacíamos responsable de los posibles accidentes que pudieran ocurrir. Debo admitir que eso me crispó un poco los nervios. Seguía pensando que no estaba psicológicamente preparada. “Ni la ropa adecuada tengo, estoy de playa; allá arriba hace frío y hasta estoy en ojotas…se me van a caer”, pensé. La vestimenta no fue un problema, nos dieron un traje especial y debieron prestarme zapatillas (con muchas medias de por medio porque eran 39 y calzo 34).

En la sala de espera, un cartel grande y negro con letras grises alentaba a los que se animaban a esta aventura: (traducción:“No debo tener miedo. El miedo mata a la mente. Voy a superarlo y luego ya no será nada más que un simple recuerdo”)

La técnica y la postura que debíamos tomar durante el salto fue explicada a través de un video corto y muy didáctico. A medida que se acercaba mi turno, mis manos sudaban cada vez más y mis piernas comenzaban a tambalear. Hacía memoria y recordaba cada uno de los pasos que debía seguir. Mi amiga estaba cada vez más ansiosa pero parecía no tener miedo. Solo quería tirarse primera.

—Me da impresión verte caer a vos— me dijo con voz dulce mientras se acomodaba el casco protector.

En la avioneta viajaban además el piloto, dos instructores y dos fotógrafos. Era tan pequeña que sentados en el piso, no podíamos extender las piernas y se movía como un carro viejo. Carl, mi instructor, era calvo y bizco. Rondaba los 40 años y tenía un diente de oro. Su rostro no transmitía sensación de seguridad sino locura; se parecía al ladrón de Mi pobre angelito. Sin embargo, su personalidad lo compensaba. Con su carisma y sus bromas distraía y brindaba confianza durante el vuelo. Y ahí estaba, entregándole mi vida a ese desconocido que por un momento se convirtió en mi mejor amigo.

Mi compañera de aventuras se había subido primera al avión por el anhelo de tirarse antes pero había quedado lejos de la puerta. Como era tan pequeño no nos podíamos cambiar de lugar. A los 15.000 pies, abrieron la puerta. Carl y yo, atados por un arnés, sacamos los cuerpos afuera sosteniéndonos de la avioneta. El viento golpeaba con fuerza y las mejillas se habían vuelto temblorosas y rojas. El intenso frío helaba las narices y hacía que los ojos lagrimearan.

Carl me sujetó fuerte y en posición fetal nos arqueamos en forma de una banana. Recordé el video… luego de unas pruebas de bamboleo saltaríamos. Ya estaba en el baile pero no tuve tiempo ni de pensar…

—¡Banana, banana, a saltaaaaaaaar! —gritó de improvisto el profesional neocelandés.

Y Josefina me vio desaparecer entre las nubes blancas y pomposas.

Como un ave de sangre caliente, comencé a caer en caída libre a 200 kilómetros por hora durante un minuto. Fuertes sensaciones: emoción y adrenalina; vértigo sin miedo; pureza y diversión; velocidad y disfrute... cielo azul, alas e inigualable libertad.

Después de los 60 segundos más largos de mi vida, el instructor abrió el paracaídas y un sentimiento de seguridad se apoderó de mí. Al instante, los cuerpos helados se bambalearon con rapidez como en una turbulencia y las antiparras comenzaron a empañarse; estábamos atravesando las húmedas nubes.

Al ver aparecer las cientos de islas que antes había visto en los folletos y que desde esa altura se veían con tanta claridad, los ojos verdes y vidriosos se movían de un lado a otro sin parar. Durante quince minutos de planeo, sobrevolamos islas de variados colores que flotaban en el inmenso y oscuro Pacífico.

—Lo lograste chica— me dijo orgulloso Carl en un intento de spanglish cuando tocamos tierra firme.

Al llegar al hostel, aún me duraba la adrenalina y la excitación. Hacía varios días que no me comunicaba con mi familia. Decidí enviarles un e- mail: “No se infarten que salió todo bien. De las mejores cosas que he hecho en mi vida: Aprendí a volar.” Y por si no me creían, les adjunté la foto.

Video del salto: http://www.facebook.com/video/video.php?v=10150142288865232&saved#%21/video/video.php?v=10150142288865232

¡Párrafo aparte para Cape Reinga!

Al otro día me duraba la excitación por el Skydiving y aún nos quedaban un par de lugares más por conocer en el norte antes de emprender el regreso a Auckland. Con algunos argentinos y chilenos que también se sumaron pasamos por las playas que continuaban la línea de nombres maoríes graciosos. Paramos en la Península de Karikari donde la arena era blanca y tamizada como la harina (para mi gusto la mejor playa del país kiwi). Allá jugamos un partido mixto en el que mi equipo lamentablemente perdió.

Luego, fuimos al punto más al norte de la Isla Norte de Nueva Zelanda: Cape Reinga (a unos 450 km de Auckland). Para los maoríes, este lugar tiene un valor especial ya que la leyenda cuenta que desde allí parten los espíritus de los muertos hacia Hawaiki, donde llegaron los primeros maoríes a Nueva Zelanda.

A medida que íbamos subiendo, el rugir de las olas y el sonido del viento eran cada vez más intensos. Desde la altura se puede apreciar el encuentro turbulento entre las aguas del Mar de Tasmania y las del océano Pacífico. La vista del atardecer y el vibrar del agua al chocar las dos corrientes erizaba la piel. Una leve lluvia nos mojó pero al instante un arcoiris apareció detrás del faro y las gotas pasaron a segundo plano.

Mientras disfrutaba de unos ricos mates y una excelente compañía, el sol brillante en poco tiempo desapareció en el azul profundo para aparecer al instante, renovado, del otro lado del charco. Amanecía allá lejos, en mi país. Cerré los ojos, sentí el viento fresco en la cara y a mis seres queridos cerca, muy cerca.

Meses después, cuando en una mañana primaveral alguien me dijo para un feo momento "Pensá en tu lugar feliz", Cape Reinga apareció en mi mente.





Nuestra tercera semana terminó con la despedida de Rodrigo que se volvió al norte con los argentinos y chilenos donde había más probabilidades de conseguir trabajo. Pero antes hicimos otro "Must do it": El bar de hielo. Sí, ese que fue Marley. En el "Minus 5" todo es de hielo: los vasos, la barra, las esculturas y el sillón.
La joda loca, tragos riquísimos y regalados, la música a todo volumen y una cantidad de gente terrible (era lo que pensábamos, pero no, nada de eso). Sólo una entrada de 30 kiwis (eso dolió) , música electrónica, un trago asqueroso y nosotros tres con el barman (que por suerte no era de hielo!). Un frío intenso, tanto que no se soportaba aún con el traje térmico y por eso decidimos irnos de recorrida por otros bares.
Eso sí, lo bueno es que ahí nunca iba a faltar el hielo para el fernet.





Continuará…
En este viaje...¿SERÁ VERDAD QUE...
-Alguien dijo que entraba sin pasaporte a los bares y al final no pudo entrar a ninguno?
-A alguien no lo dejaban manejar tranquilo?
-Alguien tenía mucho miedo en la avioneta?
-Alguien en vez de nadar con los delfines tuvo que rescatar a un hombre que se ahogaba y después correr a los delfines?
-Alguien se quedó con las ganas de ir a Cape Reinga?
-Alguien jodía con ir a todas las cataratas?
-Alguien casi se cae a las cataratas?
-Alguien se cagó de frío en el bar de hielo?
-Vieron a la Trunchatoro de Matilda comiendo un pancho?
-Los pájaros kiwis son sólo un mito?

lunes, 27 de septiembre de 2010

Principio de incertidumbre

Una nueva sección ha llegado a este blog. ¿La razón? Para contar aquellas pequeñas historias que tienen que ver con gente que he conocido en los viajes o simplemente aquellas personas que por simples detalles como una conversación, un gesto, una mirada, una actitud o una manera de caminar, me han llamado la atención y me han dejado pensando.

"Los peores antros, a las peores horas, están llenos de la mejor gente"

-¿Te ayudo? Me parece que estás en problemas…

Miré hacia abajo, a mis manos, donde estaba el problema. Esas miles de piezas destartaladas eran mi celular; se me había caído desde una escalinata y ahora parecía un rompecabezas para armar. Gruñí con mala gana. Había tenido un mal día. Él tenía razón. Mi torpeza era inaudita. Su mano blanca tomó el aparato, hizo malabares y en pocos segundos volvió a ser mi querido Vodafone.

Nunca lo había visto en el micro, aunque siempre hacía el mismo recorrido. Me subía a las ocho de la mañana para ir a la ciudad y a las seis de la tarde para volver a mi casa, ubicada en North Shore que quedaba cruzando un puente. Muchas veces los pasajeros eran los mismos, la misma rutina cada día. Conocía a Joe, el conductor de Samoa, que con un inglés a lo Tarzán me contaba que vivía muy bien económicamente en Nueva Zelanda pero que odiaba la rutina; extrañaba su país donde solía pescar seguido. También estaba Anne, una estudiante canadiense de intercambio que se sentaba siempre en el último asiento del lado de la ventanilla izquierda. A la familia Waills también la veía durante los días de semana. Estaba compuesta por Sue, una mujer rubia y elegante; John, su marido ejecutivo que iba a trabajar en las oficinas de Victoria Street, y el niño Matt, de nueve años, que bajaba primero en la escuela privada de Birkdale.

Pero a él no lo había visto nunca. Le agradecí por su gesto amable. Me sonrió. Era un joven recién rapado pero por las espesas cejas se notaba que era rubio. De ojos celestes, tenía una mirada especial, frágil, que me dejó pensando. Era nacido en Escocia pero fue criado desde chico en tierras maoríes. Llevaba una musculosa blanca; era verano y hacía mucho calor. Tenía cuerpo de hombre fornido pero cara infantil. Su sonrisa tenía un dejo de ingenuidad y sencillez.

-Mirá qué hermoso atardecer- dijo señalando a través de la ventana del micro. Un sol anaranjado se reflejaba en el agua cristalina donde cientos de veleros estaban anclados uno al lado del otro.

-Como una postal- contesté admirada por el paisaje.

Se tomó el atrevimiento de tomar mi mano. No me lo esperaba, pero fue con delicadeza.

-Me gusta tu anillo, ¿qué significa?- me preguntó con curiosidad.

Le conté que eran mis iniciales y que me lo había regalado mi abuela cuando cumplí los quince. Aproveché la oportunidad para presentarme. Él se llamaba Benjamín y tenía 24 años.

-Es hermoso. Me gustan mucho los anillos- dijo entusiasmado. Al instante, me mostró el suyo, una libélula de plata de gran tamaño que resplandecía con una tonalidad metálica.

-Soy orfebre. Estoy trabajando en esto ahora.

Sacó un viejo cuaderno de su mochila y en sus páginas había un dibujo realmente alucinante. Era el paisaje que acabábamos de ver, aquella postal del puerto; me miró con complicidad.

Se dio cuenta que era extranjera, pensó que era rusa. Me preguntó por mi vida, difícil tarea la de resumir en un recorrido de treinta minutos y a un desconocido. Le hablé sobre mi país, de mis estudios de periodista y mi afición por la fotografía y los viajes. Deseó con simpatía que algún día le pudiera sacar fotos a sus obras de arte.

Ben amaba la naturaleza y soñaba algún día con comprar una casita en el campo para vivir con su hijo de dos años. Cuando hablaba de él, el rostro le cambiaba completamente, aparecía una sonrisa brillante de anhelo y protección. El hijo no vivía con él; admito que me intrigó el motivo pero no pregunté.

Me quedé mirando su brazo izquierdo, un tatuaje tumbero. Aunque desvié la vista rápidamente, Ben se dio cuenta.

-Es una larga historia. Soy adicto desde chico, estoy tratado de salir. Mis dibujos me ayudan.

Aquella explicación me entristeció. Sentí que el alejamiento de su hijo se debía a aquella razón. Pareció leerme la mente.

-Igual lo estoy empezando a ver más seguido, este fin de semana lo voy a llevar a Takapuna, una playa cercana ¿Conocés?- dijo con esperanza mientras guardaba el cuaderno de dibujos. Le sonreí y afirmé con la cabeza.

Ya estaba llegando a la rotonda de Birkdale donde debía bajarme. Éramos pocos los que aún quedábamos en el bus. Parecía que iba a llover, lo que no era raro en Auckland. Deseé haber vivido más lejos para continuar la charla, me había cambiado el humor y no se trataba de un encantamiento amoroso para nada.

-Adelante, vos primera- indicó con caballerosidad. Él también se bajaba en la misma estación. Saludé a Joe, a quien vería al día siguiente.

Benjamín hizo un chiste con mi celular y nos despedimos en direcciones opuestas. Caminé lentamente cuando unas gotas de lluvia empezaron a mojarme y aceleré el paso. Me di vuelta para verlo partir. Pensé que no lo iba a volver a ver.

A la mañana siguiente, a las ocho en punto como siempre tenía que estar en la parada del micro que me llevaba a la ciudad. Como llegaba tarde corrí las cuatro cuadras en subida. Con la respiración entrecortada, tenía los cordones desatados, el pelo enmarañado y la mochila abierta y revuelta. Una cara conocida se rió de mi deplorable estado. Me sorprendió ver a Ben. A él también; se alegró.

Nos sentamos en los asientos de atrás y conversamos todo el viaje. Me preguntó cómo había pasado aquella noche tormentosa; no había podido pegar un ojo y eso que soy de las personas que aman dormir con lluvia. Me habló de un té que él tomaba cuando lo aquejaba el insomnio. Le sucedía seguido. “No es nada raro, un simple té” me dijo riéndose tímidamente. Le alcancé un papel para que me lo anotara porque no le entendí la pronunciación. “Camomile”, dije en voz alta, lo voy a probar. Cuando busqué la traducción resultó ser té de manzanilla.

Del otro lado me había anotado su mail. Le había contado que al día siguiente me iba de la ciudad, continuaba mi viaje en la isla sur.

-Para que me escribas cuando llegues a tu país.

-¡Queen y Victoria Street!- gritó el conductor de la empresa Birkenhead.

-Acá me bajo. Te escribo y seguimos en contacto.

-Dale, yo sigo unas paradas más, voy a Parnell a vender mis anillos.

Le deseé suerte, él buen viaje y nos despedimos. La tormenta había desaparecido y parecía que al mediodía aparecería de nuevo ese sol radiante de marzo.

Un mes después, cuando volví a Argentina, le escribí como había prometido. Me contestó a los dos días. Se acordaba de mí, la chica del micro. Le pregunté por su hijo y sus diseños. Me contó de aquel fin de semana en la playa, donde se habían bañado en el agua y comido tarta de kiwi (que no estaba nada mal porque estaba muerto de hambre). Unos nuevos modelos lo tenían ocupado por aquellos días y tenía pensado entre sus nuevos proyectos volver a estudiar. Se ofreció a ayudarme a practicar el inglés y quería aprender “argentino”. Intercambiamos novedades, canciones y fotos. Pero desde aquel último mail de abril no supe más nada de él.

En algún rincón lejano, una libélula se posa sigilosamente sobre una caña, levanta sus alas largas y delgadas y despega vuelo en dirección sur.


miércoles, 22 de septiembre de 2010

El legado de Heródoto...

Esta vez no hay relato propio sino simplemente la intención de compartir este artículo que me gustó mucho. Habla de los viajes, el periodismo y reivindica el reportaje literario.

Ah! y un pedido. Si por casualidad alguien tiene o encuentra en alguna librería "Viajes con Heródoto" (tb de Kapuscinski) avísenme por favor que lo estoy buscando hace mucho! =)

Por Ryszard Kapuscinski (*)

Herodoto, que vivió hace 2500 años y nos dejó su Historia , fue el primer periodista de investigación. Es el padre, el maestro y precursor del reportaje. ¿De dónde viene este género? Tiene tres fuentes, de las cuales viajar es la primera. El viaje no en el sentido de un paseo turístico o una salida para descansar, sino como una ardua y concienzuda expedición de descubrimiento que requiere una adecuada preparación y una planificación e investigación cuidadosas a fin de reunir material de charlas, documentos y la propia observación del lugar. Ese es justamente uno de los métodos utilizados por Herodoto para llegar a conocer el mundo. Durante años viajaría a los más lejanos lugares de la tierra conocida por los griegos. Fue a Egipto y a Libia, a Persia y a Babilonia, al Mar Negro y hasta el norte de los Escitas. En su época, se imaginaban a la Tierra como a un círculo chato en forma de plato rodeado por una gran corriente de agua llamada Océano. Y la ambición de Herodoto era llegar a conocer todo ese círculo.

Herodoto, sin embargo, además de ser el primer reportero fue también el primer universalista. Completamente consciente de las muchas culturas que había sobre el planeta, ansiaba conocerlas a todas. ¿Por qué? Según él, uno puede conocer mejor su propia cultura cuando se familiariza con otras, ya que la propia revelará mejor su profundidad, su valor y sentido sólo cuando encuentre su reflejo en otras, en la medida en que éstas irradien una mejor y más penetrante luz en la propia.

¿Qué logró con su método comparativo de confrontación y reflejo? Bueno, Herodoto enseñó a sus conciudadanos la modestia, atemperó su vanidad y orgullo desmedido, el sentimiento de superioridad y arrogancia hacia los "no-griegos", hacia todos los demás.

"¿Ustedes manifiestan que los griegos crearon a los dioses? De ninguna manera. En verdad, ustedes se apropiaron de los dioses egipcios. ¿Dicen que sus construcciones son magnificentes? Sí, pero los persas tenían un sistema de comunicaciones y transporte muy superior."

Así, Herodoto intentó a través de sus reportajes consolidar el mensaje más importante de la ética griega: el autodominio, el sentido de la proporción y la moderación.

Además de los viajes, otra fuente del reportaje es la otra gente, la que se encuentra en los caminos y aquélla por la que uno viaja para conocer, con el fin de que nos transmita sus conocimientos, sus historias y opiniones. En esto Herodoto demuestra ser un extraordinario maestro. A juzgar por la manera en que escribe, a quién entrevista y la forma en que les habla, Herodoto da la impresión de ser un hombre abierto y lleno de buena voluntad hacia los otros, que se relaciona con facilidad con los desconocidos, interesado por el mundo, observador y sediento de conocimiento. Podemos imaginarnos su forma de actuar, hablar, preguntar y escuchar. Su actitud y comportamiento muestran lo que es esencial en un periodista: respeto por el otro, por su dignidad y valor. Escucha atentamente los latidos de su corazón y la manera en que los pensamientos atraviesan su mente.

Herodoto advierte la debilidad de la memoria humana, consciente de que sus interlocutores relatan diversas y a menudo contradictorias versiones de una misma historia. De ahí que sus informes sean multidimensionales, ricos, vívidos y palpables. Herodoto es un infatigable reportero. Se toma el trabajo de andar cientos de kilómetros por mar, a caballo o simplemente a pie sólo para oír otra versión de un acontecimiento del pasado.

El quiere saber, no importa el precio que deba pagar, y desea que su conocimiento sea el más auténtico posible, el más cercano a la verdad. Este escrúpulo estableció un buen ejemplo de la responsabilidad que asumimos en todo lo que hacemos.

La tercera fuente del reportaje es el trabajo del periodista en su casa: leer lo que se ha escrito y perdura en los textos, inscripciones o símbolos gráficos relacionados con el tema en que se está trabajando. Herodoto también nos enseña cómo ser investigadores cuidadosos.
En su época, la cantidad de materiales con los que se podía contar era mucho más pequeña que aquélla de la que disponemos hoy. Cualquier cosa que se lograba reunir era muy apreciada. Naturalmente él había leído a Homero, a Hesíodo y a poetas y dramaturgos. También descifraba inscripciones en templos y murallas.

Sensibilidad a los detalles

Todo era importante, potencialmente capaz de revelar un mensaje o un nuevo significado. Con su propio ejemplo, Herodoto mostró que un reportero debía ser un observador cuidadoso, sensible a los detalles que parecen insignificantes y banales pero que pueden resultar símbolos o señales de mundos mucho más importantes que pertenecen a un orden más elevado.

"Todo el mundo tiene la tendencia natural a adquirir conocimiento", afirma Aristóteles, algo más joven que Herodoto, en el comienzo de su Metafísica . Y agrega que es la vista la que juega el papel más importante porque es la que percibe mejor las diferencias. Nosotros también sabemos de la importancia del ojo del reportero, atento, penetrante, observando lo que parece invisible, lo que puede ser la otra cara de un determinado fenómeno, a menudo lo más importante.

Sin embargo, el problema es que, para observar lo que es esencial, uno tiene que estar en el lugar. Y para llegar allí hay que movilizarse, viajar. Y de esos viajes, de su presencia en el lugar, resultaron los grandes reportajes de Herodoto sobre el mundo que hemos estado leyendo durante 25 siglos. El reportaje surgió de lo que Aristóteles llamó "la tendencia a adquirir conocimiento". Y en este deseo humano, la pasión del periodista se encuentra con las expectativas de sus lectores, de sus oyentes y espectadores.

Un reportero movido por la "tendencia a adquirir conocimiento" trata de compartir con sus lectores la curiosidad por el mundo, la propia tendencia de ellos a "adquirir conocimiento".

Por ello un buen reportaje es tan apreciado en el mundo contemporáneo. El hombre de hoy vive en un mundo pensado por los medios, de ilusiones y apariencias, simulacros y fábulas, y siente instintivamente que se lo alimenta con mentiras, hipocresía, falsedad y manipulación virtual, por lo que busca algo que tenga el poder de la verdad y de la realidad. Es decir, cosas auténticas.

Lo veo en mis encuentros con los lectores. Cuando relato alguna de mis aventuras de corresponsal, es posible que alguien me interrumpa con la pregunta: "¿Es eso auténtico?" Le aseguro a dicha persona que realmente estuve allí y una ola de alivio circula entre la audiencia y se establece una atmósfera amistosa. Porque están participando de algo real ya que alguien que ha sido testigo del hecho realmente está allí frente a ellos.

Entonces, ¿qué es un reportaje literario? ¿Cómo definirlo y describirlo? No es fácil, ya que vivimos en un momento de "géneros confusos", una especie nueva.

Cuando trabajé en países del Tercer Mundo como corresponsal de una agencia de noticias durante bastante tiempo, tenía la frustrante sensación proveniente de la pobreza del lenguaje periodístico al confrontarme con la rica, variada y colorida realidad -a menudo difícil de definir- de esas culturas, costumbres y creencias.

El lenguaje que a diario se utiliza en la información y que usamos en los medios es muy pobre, estereotipado y lleno de fórmulas. Por esta razón enormes áreas de la realidad que manejamos se encuentran fuera de la esfera de la descripción, pues el mensaje con fórmulas es incapaz de transmitirlo. Entonces, ¿cómo salir de este cul de sac de sentimientos insatisfactorios y de frustración?

Nuevo Periodismo

Yo me valgo de las sugerencias de escritores como Truman Capote, Norman Mailer y Gabriel García Márquez, cuyos escritos cabalgan en el borde de la ficción y la crónica periodística. Ellos introdujeron la expresión "Nuevo Periodismo". Con ella se referían al tipo de escrito en el que acontecimientos auténticos, historias y accidentes verdaderos se describen con un lenguaje que contiene las opiniones y reacciones personales del escritor y a menudo con condimentos tales como el agregado de color, es decir con técnicas y formas de la ficción. Esta combinación creativa y enriquecida de dos formas y técnicas de comunicar y describir constituye lo que llamamos un reportaje literario.

Este resultó ser una feliz y original "mezcla de géneros", especialmente a la luz del progreso en la ciencia y la tecnología, que ha enriquecido y diferenciado increíblemente el aspecto del mundo, cada vez más difícil de describir con el lenguaje.

Yo mismo lo percibí al escribir La Sombra del Sol ¿Cómo describir una jungla con el lenguaje de la información periodística? Esto es absolutamente imposible a menos que se utilice el tesoro de las belles lettres con su variedad de expresiones. Por otro lado, hoy, la misma literatura se vale continuamente del reportaje.

¡Observen cuántos periodistas son personajes de ficción, cuántas descripciones tienen el estilo de los reportajes en fragmentos y diálogos clásicos de la ficción!

En este mundo multicultural quienes pertenecen a otras culturas demandan ser tratados como iguales, reclaman el mismo respeto y ser tenidos en cuenta. Está ya bien establecido que no hay culturas mejores o peores y que la diferencia está dada sólo como resultado de condiciones geográficas e históricas específicas.

El problema es que sabemos poco sobre otras culturas y es posible que actuemos más con estereotipos fáciles y falsos que con el adecuado conocimiento. Esto es lo que Herodoto comprendió muy bien.

Más aún, él sabía que sólo el mutuo conocimiento hace posible la comprensión y comunicación y es el único camino hacia la paz y la armonía, la cooperación y el intercambio.

Con esta idea in mente , el periodista se zambulle de lleno en la actividad: viaja, investiga, toma notas, explica por qué otros se comportan de un modo distinto que nosotros y muestra que esas otras formas de existencia y comprensión del mundo tienen una lógica propia, son razonables y deberían ser aceptadas en lugar de generar agresión y guerra.

Así es sencillo ver la responsabilidad de nuestra labor, el reportaje.
Al ejercer nuestra actividad no somos sólo hombres o mujeres con intereses literarios, sino también una suerte de misioneros, traductores y mensajeros.

No traducimos de una lengua a otra, sino de una cultura a la otra, a fin de que mutuamente se comprendan mejor y por lo tanto se sientan más cercanas.

(*) Ryszard Kapuscinski (1932 - 2007) fue un periodista, historiador, escritor, ensayista y poeta polaco.